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    La belleza de un pescado con limón

    El colorido y la música de La Mar lo vuelven un lugar donde se antoja comer, justo lo que imagino al pensar en la versión elegante, mas no sobria, de un restaurante de mariscos. La alegría que contagia te acercará más a un pueblo pesquero que al sur de la Ciudad de México.

    Esta cebichería, con tres sucursales en el D.F. y cinco más repartidas entre Sao Paulo, Santiago de Chile, Panamá, San Francisco y Lima, es uno de los proyectos del chef Gastón Acurio, quien atrajo la mirada de gente de todo el mundo con la cocina peruana de Astrid & Gastón, su primer restaurante.

    Una cubeta llena de granos de maíz cacahuacintle, asados, ocupa el lugar de los típicos totopos. Su sabor salado y textura suave, como palomitas, te invitan a comerlos hasta ver vacío el recipiente.

    Para no errar hay que probar un coctel con pisco, un destilado de uva que se produce en distintas regiones de Sudamérica, pero que tomó su nombre de una provincia de Perú. La Marimba, con jugo de maracuyá, suena fantástico y resulta exquisito. Domina la acidez la fruta, aunque el pisco logra darle cierto equilibrio.

    El menú es basto y luce aún más extenso debido a que incluye la explicación –necesaria- de cada uno de los nombres a los que no estamos acostumbrados: cebiche nikei, tiraditos, sopa chupe, saltados

    Los cebiches, el mayor legado del Perú, se sirven en leche de tigre, que es su propio jugo complementado con chile, cebolla morada, apio, sal, pimienta y jengibre.

    El cebiche nikei es distinto. El dulzor de los cubitos de atún, resaltado con un poco de miel,  se funde con la salsa de tamarindo y el aceite de ajonjolí. Una buena elección para comenzar la comida.

    Las láminas de dorado del tiradito limeño –una variante del cebiche donde el pescado se presenta en rebanadas muy delgadas- vienen bañadas con leche de tigre espesa, teñida con ají amarillo, el chile al que Acurio considera el ingrediente principal de la comida peruana. Una entrada refrescante y deliciosa.

    Uno de los clásicos es la parmesana, callo de hacha servido en conchas cubiertas por una costra de queso parmesano dorado. El jugoso callo limpia el amargor del queso y la capa de grasa que deja en la boca, complementándolo de forma perfecta.

    Si prefieres algo más complejo para empezar la comida, pide una sopa chupe. Es un caldo de mariscos con arroz y huevo, muy condimentado, con el inconfundible sabor del curry. Sentirás que tu corazón late más rápidamente y la sangre fluye con más fuerza inmediatamente después de probar la primera cucharada.

     Como plato fuerte puedes pedir la brocheta de marlín, con un persistente sabor a ajo que no opaca al pescado, o una pasta La Mar, con camarones empanizados y pulpa de jaiba.

    El saltado fusión mezcla trozos de pescado y camarón con pimiento, cebolla, chile manzano y nuez de la India. Sazonada con curry y leche de coco, esta combinación cobra vida propia y juega, sin control, dentro de tu boca.

    Para probar lo mejor de La Mar, debes estar dispuesto a comer el Black Cod. La bruja, así como el bacalao negro o el escolar, es un pez de profundidad con carne tan grasosa que resulta dañina; pero, eso sólo pasa cuando lo comes en grandes cantidades y, además, al asarlo disminuye la concentración de aceites.

    El Black Cod viene servido sobre una cama de puré de papa y bañado con una salsa de moras. Salado, dulce, grasoso y fresco son las sensaciones que te brindarán una experiencia que quedará grabada en tu mente.

    Los postres son originales y están pensados para maridar con las distintas mezclas de nespresso –la cómoda variante del espresso que Nestlé aportó al mundo-.

    La Mar es uno de mis lugares favoritos para comer en la Ciudad de México. Es caro, pero la satisfacción lo vale.

    Ensenada en la Condesa

    Mykonos es la emblemática isla griega donde el azul brillante del Mar Egeo envuelve las casas pintadas de un blanco perfecto. Ahora llegó a la Condesa transformada en un restaurante que lleva por nombre Pablo el Erizo. Lleno de frescura, este lugar abrió sus puestas en Fernando Montes de Oca 6, entre Tamaulipas y Nuevo León, hace mes y medio.

    Se autodenomina Baja Bistro y es justamente eso: un restaurante casual que sirve comida sencilla pero sabrosa, elaborada con ingredientes traídos, en su mayoría, directamente desde las costas de Baja California.

    Para empezar, un clam chowder rojo, coloreado con pimiento y tomate. Se pierde un poco el sabor terroso y dulce de la almeja cultivada en Ensenada, pero el conjunto, adornado a la vista y al gusto con cebollín, se disfruta de principio a fin y resulta ideal para esta época de intenso frío.

    Los sopes de cangrejo son tan deliciosos como es atrevido su concepto. La armonía entre los frijoles y el crustáceo se imagina difícil, pero está bien lograda por Efraín Soto, el joven y diestro chef que trabajó previamente en uno de los restaurantes más reconocidos de Ensenada.

    Quien prefiera los camarones debe probar los tacos de jamaica con queso Real del Castillo, que viene de la primera cava de quesos de América. La acidez de las flores se entremezcla perfectamente con el dulzor de la cebolla caramelizada y un toque de balsámico y sirve como base para lanzar a lo alto el sabor del camarón y la implacable fortaleza del queso Ramonetti.

    Los tacos de pescado y camarón estilo Ensenada que preparan en Pablo el Erizo se acercan mucho al sabor tradicional y sazonado a la perfección de aquellos que puedes probar en los puestos callejeros de la Cenicienta del Pacífico. El capeado es su único problema, pues queda un poco más dorado de lo necesario.

    En un futuro cercano, cuando hayan dominado este último detalle, la añoranza de los Tacos Fenix, cerca del vado ensenadense, será sólo por nostalgia y no por antojo.

    Durante su primera semana no contaban con todos los platillos de la carta debido a que aún ponían a prueba a distintos proveedores, pero hoy puedes elegir montaditos de erizo, langosta u ostiones Kumamoto sin temor a decepcionarte por su desabasto y, mucho menos, por su preparación.

    La selección de vinos por copeo comenzó siendo pequeña pero muy diversa, con opciones más interesantes que las que suelen ofrecer en restaurantes del mismo tamaño. Ahora han dejado de lado el Albariño (español) o el Torrontés (argentino) -variedades de uva con las que se logran vinos blancos muy aromáticos y que pueden ir bien con la mayoría de los mariscos-, sustituyéndolos por blancos mexicanos de menor precio.

    En Pablo el Erizo hay opciones para todos los gustos y para cada bolsillo. Cuando quieras sentirte en las islas Cícladas, a media Ciudad de México, aquí puedes saborear unos deliciosos tacos de pescado, una langosta estilo Rosarito con frijoles y tortillas de harina gigantes, o un delicioso pulpo a las brasas, dorado y crujiente por fuera pero tierno y jugoso por dentro.

    (Esta reseña apareció en Vinísfera)