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    Comiendo entre concreto

        

    La Ciudad de México es caótica y escandalosa, pero está llena de lugares divertidos y opciones deliciosas para comer. En estricto apego a su nombre, lo mismo pasa con La Capital, un restaurante-cantina donde el ruido y la buena comida quedan encerrados entre sus paredes de concreto.

    Al entrar a la planta baja del edificio ubicado en Nuevo León 137 –entre Saltillo y Campeche- querrás salir huyendo debido al alboroto; pero, un coctel que lleva por nombre Oaxaca 86 te hará olvidarte del desorden. Es una especie de mojito híbrido en el que se mezcla el sabor ahumado del mezcal con trocitos de pepino que te relajará y abrirá el apetito.

    Querrás pedir cada platillo que aparece en el menú, pero las tostadas de atún son una gran opción para empezar. Servidas con aguacate, cebolla deshidratada, chile de árbol seco y un toque de aceite de oliva, harán que te sientas cómodo de una vez por todas.

    Los tacos La Capital, de camarón con mayonesa de chipotle, aguacate y cebollín, no te atraparán por su originalidad pero sí por su sabor. Seguramente querrás pedir más en cuanto hayas devorado los primeros.

                            

    La genial presentación de los esquites de dos granos sería razón suficiente para pedirlos, pero también lo es la proporción de limón, queso y mayonesa que los vuelve deliciosos.

    El aguachile de este lugar es diferente a cualquier otro. A simple vista, los camarones servidos en un vaso -en vez de un plato-, llamarán tu atención. Ya en la boca, complementados con pimiento y cebolla y un ligero picor, te enamorarán.

    La brocheta de camarón con romeritos y mole  tiene muy buen sabor, aunque el mole resulta un poco aguado.

    El pollo al pastor es, por su tamaño, una comida completa. Viene con tortillas, cebolla, cilantro y hasta piña, como cualquier taco al pastor, pero te recomiendo comerlo solo, dedicándole especial atención al masticar las partes más doraditas.

    Como postre, el panqué de elote con helado de turrón suena mejor de lo que sabe, pues al helado le falta sabor y el panqué no tiene nada de especial.

    El mousse de guanábana con frutos rojos es, en cambio, ligero e ideal para terminar la comida. Es un poco dulce, sin llegar a ser empalagoso.

              

    La Capital es un sitio para comer y beber bien en un ambiente relajado. Evita las  burbujeantes naranjadas y esta neo-cantina se colará en tu lista de lugares favoritos para convocar una reunión de amigos.

    La B, Bip, Bipolar

    Buena comida, ambiente popular, originalidad y exóticos cocteles es lo que encontrarás en La B –conocida también como La Bipo o La Bipolar-, un lugar que sin ser una cantina ofrece ricos platillos, como solían hacer las mejores tabernas.

    No te regalan botanas acompañando cada bebida, pero los precios son accesibles y te permitirán comer y beber abundantemente.

    Tal vez has oído que este lugar le pertenece a Diego Luna. Es cierto. Junto con el también actor Jesús Ochoa, Iván Sánchez, José María Yazpik y los creadores de la marca NaCo, el charolastra decidió abrir un lugar divertido en el centro de Coyoacán.

    Una versión de la historia dice que el nombre original, La Bipolar, hace referencia a La Polar, restaurante bar de la colonia San Rafael, al norte del D.F., que presume de servir la mejor birria de la ciudad. También se dice que fue bautizado así debido a una analogía entre los dos pisos con ambientación independiente y el trastorno emocional de bipolaridad.

    Averiguar la verdadera razón por la que se llamó así ya no tiene sentido, pues tuvieron que rebautizarlo como La B debido a que, según La Polar, el nombre confundía a la gente.

    Su diseño intencionadamente desarreglado, dándole un toque kitsch con mesas de Corona, tablones de madera y botellas con la emblemática Lulú de ojos coquetos, no te hará confiar en su comida. En esta ocasión, si te dejas guiar por ese instinto, te perderás de algunas creaciones interesantes.

    Mi primera impresión fue mala. No había meseros, por lo que los dueños de la barra tomaron el mando de las charolas.

    Al ordenar, la experiencia no mejoró. No tenían ni alambre de tofu ni tacos de jamaica. Gran decepción. Ya librados esos obstáculos –a los que se sumaron el alto volumen de la música y los gritos espontáneos de un borracho- las cosas mejoraron.

    La sopa Tres Marías, de champiñones y setas, te transportará a las pequeñas comunidades de la cierra de Puebla, como Cuetzalan, donde se sirve el más delicioso caldo de hongos que hayas probado, sazonado a la perfección.

    Las tostaditas de spicy marlin–aderezado con mayonesa de chipotle- tienen el mismo sabor que los dips que venden en el super. No son una mala opción, son ricas, pero puedes prepararlas tú mismo.

    Las papas mi jefita, preparadas al estilo libanés, son una de las creaciones favoritas de muchos visitantes. La combinación de papitas de cambray con limón, aceite de oliva, una mezcla de chiles y páprika es muy sabrosa, pero hacen bien en advertir que es un plato para compartir. Difícilmente te las terminaras tú solo, son muchas y la salsa es densa y pesada debido al aceite y las especias, lo que ocasionó que el sabor me cansara.

    Debes comer rápidamente las tostadas de carne seca si no quieres terminártelas con un tenedor. La lechuga, piña y pepino -que le dan volumen, sabor y consistencia crujiente- resultan una mezcla fresca y agradable, pero se volverán tus enemigos con el paso del tiempo, cuando humedezcan y ablanden tus tostadas.

    Para acompañar hay muchos cocteles, la mayoría con mezcal. El elixir zapoteco–mezcla de mezcal con jugo de piña y hierbabuena- es muy recomendable, aunque el destilado no armoniza completamente, lo que hace que sobresalga el sabor ahumado después de tragarlo.

    Si lo que buscas no es alcohol, el agua de pepino con limón es una opción muy refrescante.

    No vas a impresionar a nadie llevándolo a este bar-restaurante (en ese orden) pero, si estás cerca de la calle Malintzin, a media cuadra del mercado de Coyoacán, no dejes que el lugar o su música te asusten y prueba algo de su rica –aunque poco sofisticada- carta.