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    Los churros del Moro

    No importa si es para desayunar, comer, cenar o simplemente para quitarte el antojo, no hay mejor lugar que El Moro para comer unos churros con chocolate.

    Cuenta la historia que el nombre de este lugar, ubicado en Eje Central 42, justo frente a la estación de metro de San Juan de Letrán, viene de un poblado español a donde llegaba un musulmán con un carrito, a vender churros durante las fiestas del pueblo. Se les conocía como los churros del moro.

    Grandes espirales de masa se doran en aceite. Cuando se cortan se convierten en los churros crujientes con centro húmedo que tanto disfrutamos.

    A algunas personas no les maravillan estas frituras recién hechas si no las acompañan con un chocolate. Por eso, en El Moro encuentran el complemento perfecto. No te será fácil elegir entre el español -que es tan espeso como un mousse de chocolate-, el especial cremoso, el francés aromático y el mexicano ligero y dulce. Para unos cuantos, es esta bebida la que le da magia al lugar y no los churros.

    En un pequeño espacio aislado del comedor principal, con frente a la banqueta, también preparan tortas. Puedes probar una de pierna con mole y rematar con un chocolate como postre.

    Espera una decoración parca y un servicio modesto pero eficaz, aunque no habrá nada que te quite las ganas de volver a este local, ubicado en Eje Central, a unas cuadras de Bellas Artes.

    *La Churrería El Moro se incendió la madrugada del 28 de junio*

    La Castellana

    Ni cinco segundos de descanso tienen estos hombres.

    Si piensas que la comida rápida no vale media hora de espera –mucho menos si debes quedarte parado en la banqueta-, es obvio que no has ido a comprar tortas a La Castellana. Los fines de semana puedes toparte con una larga fila que te desalentará; pero, si tienes la paciencia necesaria, tu recompensa será suficiente para reparar tus fuerzas.

    En la esquina de Av. Revolución y Corregidora, en San Ángel, llevan sirviendo tortas desde 1946. Durante esos años, la imagen del lugar ha cambiado pero no así su sabor, por lo que se ha mantenido como una de las torterías preferidas de los sureños del Distrito Federal.

    Su fama los ha llevado a probar suerte en Polanco y en Santa Fe, donde tienen el espacio suficiente para darse el lujo de preparar ensaladas y papas curly, waffle o regulares, además de las tradicionales tortas.

    No esperes innovación en la receta: telera, mayonesa y los ingredientes de tu elección, complementados con zanahorias y chiles en escabeche y cebolla morada, son los únicos secretos de este lugar.

    Al pedir la de tres quesos –lleva queso manchego, amarillo y Oaxaca, aunque puedes cambiar alguno de esos por blanco o gruyere- deberás hacer hincapié en que los derritan bien, pues a veces las rebanadas quedan tibias y secas.

    La cubana es una de mis favoritas. Aquí la preparan mezclando pierna, jamón y queso amarillo, a diferencia de otras torterías donde usan chorizo u otros ingredientes que tengan disponibles. Aunque el sabor de la cubana original de Don Polo, en Félix Cuevas, es invencible (ha ganado varios premios en las seis ediciones de la Feria de la Torta en la delegación Venustiano Carranza), no te arrepentirás de probar ésta.

    La de bacalao y la de pulpo son las más famosas. El pulpo se prepara con salsa de jitomate y especias –hoja de laurel y pimiento, entre ellas-, lo que vuelve a esta torta más compleja que el resto. Si te gusta el sabor y no te desagrada la consistencia de este molusco, pide esta sin pensarlo.

    Para comer ahí o para llevar, La Castellana –la de Av. Revolución, de preferencia- es una parada obligada en un recorrido por las torterías más emblemáticas de la Ciudad de México.