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    Máximo Bistrot. Cocina honesta

    La gastronomía de la colonia Roma, en la Ciudad de México, está evolucionando. Varios lugares, en los que podrás comer muy bien, abrieron recientemente y un par más están por unirse a la lista. Uno de los más modestos en su diseño, pero que ha ganado muchos feligreses en tan sólo un par de meses, es Máximo Bistrot.

    Eduardo García ha trabajado en múltiples cocinas de renombre, como Pujol o Le Bernardin, pero finalmente decidió independizarse. Junto con su novia, Gabriela López, se decidió por un lugar relajado, acogedor y de impecables preparaciones, donde la calidad de los productos locales y de temporada ocupa el lugar principal. Así, con el cariño suficiente para bautizar al lugar con el mismo nombre que su hijo, se une a los cocineros mexicanos que se preocupan por ofrecer ingredientes honestos.

    Diariamente cambian su pequeño menú según la disponibilidad de los ingredientes. Sin embargo, siempre podrás encontrar deliciosos platillos a precios muy justos. Los domingos, a partir de las 11 de la mañana, sirven un brunch que le ha robado el cetro a su vecino Delirio.

    Por la tarde, ya sea para comer o cenar, la mantequilla de haba y queso de oveja o la ceniza de berenjena no sólo te abrirán rápidamente el apetito, sino que te harán devorar todo el pan de la canasta.

    Para empezar, unos espárragos pochados, ligeramente crujientes, cubiertos con pan con ajo que resalta su sabor y sabayón que le brinda mayor consistencia al conjunto.

    Tienes que probar la cazuela de mejillones con mantequilla de camarón (a veces cambia por erizo u otros ingredientes). No podrás evitar inclinar la olla para beber el caldo resultante, con una ligera acidez y de sabores perfectamente mezclados de jitomate y camarón.

    Uno de mis platos favoritos, con el que no pude evitar limpiar el plato, fue el cerdo en reducción de pimiento. La carne se deshace en la boca y la salsa tiene un sabor ligeramente dulce, resultado del ingrediente secreto, que la vuelve delirante.

    El pulpo con emulsión de guajillo no se queda atrás. La emulsión es ligera y brinda la acidez necesaria sin opacar el sabor del pulpo. Las tres texturas de papa que le acompañan -cocidas, puré y fritas- son un placer por sí mismas.

    El pot de crème de chocolate es visualmente encantador y maravilloso para el gusto. La salsa de frambuesa que le acompaña y la textura de la crema de chocolate lo convierten en un postre exquisito.

    Dudarás que el brunch pueda ser tan bueno como las comidas, pero lo es.

    El pan está hecho en una panadería artesanal cercana llamada Pancracia. El panqué de plátano es esponjoso, húmedo y se deshace fácilmente, con la intensidad de sabor a plátano correcta, sin resultar abrumadora. Las conchas de yogurt contienden por el trono de las mejores de la ciudad. Firmes por fuera, bien decoradas, con un centro suave y húmedo. Las de chocolate son altamente adictivas.

    El pan francés de Máximo Bistrot es la imagen ideal para comenzar el día. No sólo es bonito, también es el acompañante necesario para tu taza de café.

    Los huevos revueltos con cebollín, papas y provoleta es justo la idea que recorre mi mente al pensar en un brunch: huevos ligeros, acompañados con papas un poco crocantes y queso sutilmente ahumado.

    Si buscas algo más consistente, la baguette de short rib es una gran opción. La carne, cocinada con mole, es delirante.

    Platillo imperdible: huevos con mollejas. Pídelos estrellados, pues la combinación de la yema tierna y las mollejas  es para chupar los dedos y el plato.

    Máximo es, sin duda, una de las mejores aperturas del 2011 en la ciudad. Éste es uno de esos lugares a los que puedes regresar sin fastidio: precio justo, calidad y delicioso sabor en cada bocado.

    Máximo Bistrot está en:

    Tonalá 133, esq. Zacatecas, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc

    Abre:

    Martes a Sábado 13:00 a 23:00 hrs
    Domingo 11:00 a 19:00 hrs

    Teléfono:

    52644291

    Costo promedio:

    $350 p/p

    (Source: lossaboresdemexico.wordpress.com)

    El auténtico bistrot: Bistrot Arlequín

    Si  entre tus restaurantes favoritos en la Ciudad de México hay alguno de comida francesa, quizás es momento de que modifiques tu lista. Es muy probable que Bistrot Arlequín opaque a cualquier otro que tengas en mente, tanto por su sabor como por sus precios. Comida francesa en un local donde sólo se escucha francés –o español con acento francés- suena a garantía y lo es.

    Todos  los comentarios que habia escuchado de este lugar eran buenos, pero fue apenas en diciembre cuando navegué a la esquina que forman Río Nilo y Río Pánuco, en la colonia Cuauhtémoc, para saber por qué quien lo conoce habla tan bien de él.

    Llegué solo al Bistrot Arlequín y me senté en la barra. Resultó el asiento ideal para poder platicar con el dueño, un francés muy simpático, encargado de poner orden y dispuesto a sugerirte qué elegir.

    Al ojear el menú, me invadió un antojo bárbaro de sopa de cebolla que se vería enteramente recompensado. Su olor especiado es tan denso que resulta una comida completa. Te hará entrar en calor desde la primera cucharada.

    Para el plato fuerte hice caso a la recomendación: si es la primera vez que vas al Arlequín, pide los Quenelles Nantua o el Veau à la Forestière –estofado de ternera con crema, champiñones y vino blanco-. Preferí pedir los Quenelles, bolitas de pescado capeadas con masa de profiteroles sobre bisque de langosta.

    Tienen un sabor muy discreto que permite saborear la bisque que les acompaña. Los disfruté mucho pero, es probable que te decepciones si te gustan los sabores fuertes, pues son tan delicadas que podrían parecer bolitas de masa especiada.

    Las papas fritas son como me gustan: grandes, anchas y esponjosas, como las de los fish and chips ingleses, difíciles de encontrar en México.

    Los franceses, se dice, comienzan a beber vino desde el biberón. No podía faltar, entonces, una buena selección de vinos del día. Elige entre cinco variedades distintas que van de los 54 hasta los 83 pesos, aproximadamente.

    Para el postre la sugerencia fue la tarta de limón. Una gran capa de merengue y una corteza crujiente envuelven el sabor del limón ligeramente amargo, de textura casi espumosa. Perfecto para recargar el brío antes de volver a la ciudad.

    Bistrot Arlequín mantiene el sabor auténtico de su cocina luego de cinco años de existencia. Un local modesto, de precios accesibles -$250 con copa de vino-, nos hace recordar lo que es un verdadero bistrot.