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    Ödün: El justo valor de las especias

    Una visita al Ödün (que significa compromiso, en turco, aunque también permite la acepción quid pro quo, alusiva al intercambio) te dejará claro por qué los navegantes europeos buscaron nuevos vías comerciales en 1453, cuando los turcos otomanos bloquearon la Ruta de las Especias.

    En el número 103-a de Michoacán, en el epicentro de la Condesa, se ubica este restaurante cuyo diseño resulta acogedor y su comida extasiante.

    Un sencillo menú de dos páginas es suficiente para complicar tu elección, haciéndote dudar cuál es la decisión correcta.

    Los sabores del sudeste asiático que puedes probar en el Ödün convencerán hasta al más incrédulo que de la vista nace el amor. Antes de que el mesero tome tu orden, ya tendrás planes de regresar para probar el resto del menú.

    La sopa Thom Yam Kung me hizo olvidar las ganas de probar las Samosas y el Pho Bo. El estallido de aromas de la leche de coco, los hongos shiitake y la esencia de lemongrass que percibirás cuando el mesero se acerque con el plato, volverá tortuosos los segundos que tendrás que esperar para probarla, mientras termina de repartir los alimentos.

    El sabor dulce de la mezcla contrasta con los camarones de forma tan maravillosa que, con un toque de chile guindilla y cilantro, te hará vivir una experiencia que te dejará al filo del asiento y al borde del llanto cuando te des cuenta que se ha terminado.

    En China, el Dim Sum es un conjunto de pequeños y ligeros bocados que se sirven junto con el té. Como en México a pocos se nos antojaría comer Won Ton (pequeñas empanaditas de pasta muy fina) de camarón, pollo u hongos antes del mediodía -a la usanza cantonesa-, aquí lo adoptamos como entrada. De textura agradable, doradita y crujiente, lo más sabroso de este plato son las dos piezas rellenas de hongos y la salsa de chile guindilla, pues falla la sazón del pollo y el camarón.

    Entre los especiales del día se hallaban unos camarones empanizados, servidos con piña y tallarines, que se antojaban agridulces, pero que tenían un sabor más sutil y menos sorpresivo de lo que quisiera. Ricos, especialmente los tallarines, pero le falta magia y cariño a su preparación.

    De vez en cuando despertaba extrañando el sabor especiado del Chicken Tikka Masala que probé hace un par de años en una de las sucursales de Masala Zone en Londres –uno de los mejores lugares para quien busca comida india fuera de la Península del Indostán-. Escéptico, en Ödün encontré ese sabor y la emoción aún recorre mis venas con el recuerdo. Cubos de pollo deshuesado marinados en especias y yogur, cocinados –idealmente- en un horno tandoor y servidas con una salsa con diversas especias –no hay una receta única- con base en tomate y paprika, son acompañados por arroz y una refrescante mezcla de yogur, pepino, hierbas y especias como menta, comino, pimienta y mostaza en polvo. Pruébalo bajo advertencia, pues podrías despertar extrañando su sabor todos los días. Si eso pasa, ya conoces la solución.

    Es difícil acompañar tal cantidad de sabores con un solo vino, por lo que un rosado es buena opción. Uriel, de Adobe Guadalupe, fue el encargado. Aunque demasiado frío y con la acidez muy marcada en un principio, resulta un buen contraste con los platos especiados, como el Tikka Masala.

    Para terminar no hay mejor opción que el sample de tres postres, que incluye una miniatura de pastel de chocolate a las cinco especias, con salsa inglesa y helado al cardamomo, un mini crème brûlée chai y cheesecake con un toque de tamarindo y tapiz de coco dorado. El broche de oro para una comida que, aunque no es barata -$300 por persona, en promedio, sin vino-, es digna de la dinastía Gupta o de un brahmán.

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