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    La B, Bip, Bipolar

    Buena comida, ambiente popular, originalidad y exóticos cocteles es lo que encontrarás en La B –conocida también como La Bipo o La Bipolar-, un lugar que sin ser una cantina ofrece ricos platillos, como solían hacer las mejores tabernas.

    No te regalan botanas acompañando cada bebida, pero los precios son accesibles y te permitirán comer y beber abundantemente.

    Tal vez has oído que este lugar le pertenece a Diego Luna. Es cierto. Junto con el también actor Jesús Ochoa, Iván Sánchez, José María Yazpik y los creadores de la marca NaCo, el charolastra decidió abrir un lugar divertido en el centro de Coyoacán.

    Una versión de la historia dice que el nombre original, La Bipolar, hace referencia a La Polar, restaurante bar de la colonia San Rafael, al norte del D.F., que presume de servir la mejor birria de la ciudad. También se dice que fue bautizado así debido a una analogía entre los dos pisos con ambientación independiente y el trastorno emocional de bipolaridad.

    Averiguar la verdadera razón por la que se llamó así ya no tiene sentido, pues tuvieron que rebautizarlo como La B debido a que, según La Polar, el nombre confundía a la gente.

    Su diseño intencionadamente desarreglado, dándole un toque kitsch con mesas de Corona, tablones de madera y botellas con la emblemática Lulú de ojos coquetos, no te hará confiar en su comida. En esta ocasión, si te dejas guiar por ese instinto, te perderás de algunas creaciones interesantes.

    Mi primera impresión fue mala. No había meseros, por lo que los dueños de la barra tomaron el mando de las charolas.

    Al ordenar, la experiencia no mejoró. No tenían ni alambre de tofu ni tacos de jamaica. Gran decepción. Ya librados esos obstáculos –a los que se sumaron el alto volumen de la música y los gritos espontáneos de un borracho- las cosas mejoraron.

    La sopa Tres Marías, de champiñones y setas, te transportará a las pequeñas comunidades de la cierra de Puebla, como Cuetzalan, donde se sirve el más delicioso caldo de hongos que hayas probado, sazonado a la perfección.

    Las tostaditas de spicy marlin–aderezado con mayonesa de chipotle- tienen el mismo sabor que los dips que venden en el super. No son una mala opción, son ricas, pero puedes prepararlas tú mismo.

    Las papas mi jefita, preparadas al estilo libanés, son una de las creaciones favoritas de muchos visitantes. La combinación de papitas de cambray con limón, aceite de oliva, una mezcla de chiles y páprika es muy sabrosa, pero hacen bien en advertir que es un plato para compartir. Difícilmente te las terminaras tú solo, son muchas y la salsa es densa y pesada debido al aceite y las especias, lo que ocasionó que el sabor me cansara.

    Debes comer rápidamente las tostadas de carne seca si no quieres terminártelas con un tenedor. La lechuga, piña y pepino -que le dan volumen, sabor y consistencia crujiente- resultan una mezcla fresca y agradable, pero se volverán tus enemigos con el paso del tiempo, cuando humedezcan y ablanden tus tostadas.

    Para acompañar hay muchos cocteles, la mayoría con mezcal. El elixir zapoteco–mezcla de mezcal con jugo de piña y hierbabuena- es muy recomendable, aunque el destilado no armoniza completamente, lo que hace que sobresalga el sabor ahumado después de tragarlo.

    Si lo que buscas no es alcohol, el agua de pepino con limón es una opción muy refrescante.

    No vas a impresionar a nadie llevándolo a este bar-restaurante (en ese orden) pero, si estás cerca de la calle Malintzin, a media cuadra del mercado de Coyoacán, no dejes que el lugar o su música te asusten y prueba algo de su rica –aunque poco sofisticada- carta.

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