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    Puntarena

    Antes famosa solamente por el Cluny y su hermano, el Petit Cluny, Avenida de la Paz ha visto brotar como hongos en un bosque húmedo tanto a modestos como a suntuosos restaurantes, convirtiéndose en uno de los vértices gastronómicos del sur de la Ciudad de México.

    El Puntarena es una de las mejores opciones para comer en esta zona, a pesar de sus altos precios. Por esta razón, tendrás que esperar a que se desocupe una mesa si no haces una reservación.

    Ubicado en una orilla de la casona que alberga al ya conocido Mandarin House, en la esquina del empedrado de Av. de la Paz y Av. Revolución, el Puntarena ofrece poca imaginación en sus platillos, pero mucha calidad y cuidado al prepararlos.

    El sashimi de Cola Amarilla es la entrada ideal cuando se quiere sabor y frescura. De carne rosa muy clara y limpia, las gruesas rodajas no necesitan salsas o complementos para disfrutarse. El único trago amargo son los 260 pesos que hay que pagar por él.

    Los tacos de camarón a la talla tienen un sabor sutil. Se acompañan con aguacate, distrayendo a la lengua de los ingredientes principales, pero permitiéndole recibir gustosa cada bocado.

    El chicharrón de jaiba está demasiado frito, por lo que unas gotas de limón, además del cebollín y el cilantro con los que se presenta, le favorecen, pero la jaiba termina ensombrecida.

    La sopa verde Puntarena vence por knockout, en la primera caída, a las demás opciones. Espesada con fécula de trigo, toma la textura reconstituyente de una crema llena de camarones, almejas y pescado. Cuatro o cinco trozos de espárrago son la única tregua que otorga este pan líquido para respirar y evitar que la boca se sature. Una pizca de peperoncino eleva esta sopa a la perfección. Una obra digna de rendir honores.

    Aunque no decepcionan, los tacos de anguila pudieran dar más de sí. Demasiado dorada por momentos, la carne no se disfruta al máximo.

    Los vinos por copeo son pocos, pero el Vionta 2006, un Albariño (vino blanco de la denominación de Rías Baixas, en Galicia, España) con olor a miel, flores, un poco de manzana madura y buena acidez, acompaña bien a estos platos.

    El pastel de mamey seduce desde el primer vistazo. Es muy fresco, con una corteza de galleta, una capa muy delgada de chocolate, un poco de crema y mamey, pero resulta insípido y te dejará con ganas de algo mejor.

    La tarta de manzana con mazapán, en cambio, es todo lo contrario. Con un aspecto aplastado, sorprende al paladar con la armonía de la manzana y la canela dentro de una gran costra de galleta, difícil de romper, acompañado por helado de vainilla.

    Puntarena, ya sea en Av. de la Paz o en el original de las Lomas, resulta una magnífica opción si buscas pescados y mariscos, pero debes estar dispuesto a pagar alrededor de 500 pesos por persona.

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